Economía Colaborativa, una dirección inevitable

25 de Octubre de 2019 - Destacados

La tecnología ha cambiado el mundo y todos los ámbitos que lo integran, entre ellos la economía, que no es ajena a este proceso. El internet y la era digital han creado formas de consumo alternativo, diversificando la oferta de servicios y productos. También, han cambiado las condiciones tradicionales de trabajo, en cuanto a la relación directa de empleado – jefe. En este contexto, vale la pena analizar todos los matices que representa este nuevo esquema económico

Desde la revolución industrial, las personas centraron su vida alrededor del trabajo y de innovaciones que permitieron el desarrollo económico. Por su parte, en la era digital el principal foco es generar una mayor calidad de vida y disfrute de la misma. De esta concepción, nació la economía colaborativa, que no es más que un concepto empresarial y novedoso que se fundamenta en la tecnología y las redes de cooperación, la cual permite vender, prestar, intercambiar, alquilar o comprar algún tipo de servicio o producto mediante una plataforma tecnológica, basándose en las necesidades de las personas.

El alcance de este nuevo modelo de consumo es tal, que la revista Time lo incluyó como una de las diez ideas que cambiará el concepto de economía en el mundo. Además, según estimaciones, para 2025 la economía colaborativa (o digital, como también la llaman) habrá movido más de 235.000 millones de euros.

Actualmente, por medio de la economía colaborativa, se pueden encontrar casi todos los productos y servicios que se adquieren mediante el consumo tradicional: transporte, viajes, alimentos, hospedaje, ropa, electrodomésticos, etcétera. Estos servicios y bienes se pueden obtener mediante aplicaciones como Uber, Airbnb, OLX o Rappi, inclusive, el bitcoin podría encajar en este modelo, si se entiende como un esquema de redes.

De esta forma, no se puede ocultar que las nuevas vías de consumo dinamizan la economía, generan valor para las personas, diversifican los productos y servicios, crean riqueza, contribuyen al PIB y emplean a muchas personas. No obstante, en este último ítem es donde se centran las principales críticas del modelo colaborativo, ya que, al no existir una relación formal mediante un contrato de trabajo, se presta para fomentar la informalidad laboral. En últimas, no se puede hablar de salario si no existe una relación laboral formal y el esquema de economía colaborativa no debe ser ajeno a las prestaciones básicas y a unas condiciones igualitarias de mercado y competencia, que al menos, en el caso colombiano, no se cumplen como debería ser.

Puntos a Favor y en Contra

Muchos son los beneficios y puntos positivos que se pueden destacar de la economía colaborativa: optimiza los bienes de consumo habituales, permite generar ingresos a partir de un bien subutilizado, ofrece más productos y servicios a precios accesibles, incentiva el desarrollo sostenible, teniendo en cuenta que estimula el segundo uso de los productos, brinda mayor rapidez y facilidad y evita monopolios al diversificar la economía. Por otro lado, entre los puntos grises que tiene que corregir este esquema se destacan: la informalidad laboral, que va en detrimento de los empleados por la falta de cotización a salud y pensión, la falta de regulación en algunos sectores y la competencia desleal, ya que muchas empresas aprovechan el limbo legal o la falta de claridad en las normas para generar ventajas sobre otros sectores con normas claramente definidas. La protección al consumidor es otro punto que normalmente afecta a las personas y muchas veces los derechos del consumidor quedan sujetos a las políticas de cada plataforma y no amparados por un ente regulatorio.

Todas estas controversias generaron que, por ejemplo, se prohibiera el funcionamiento de la plataforma Airbnb en New York, por los perjuicios que generó en los hoteles de la ciudad. Además, la empresa Yellow Cab, la mayor compañía de Taxis de San Francisco, se declaró en quiebra por la reducción en su facturación, indicando que la situación se debió a Uber. El debate se genera, ya que las compañías tradicionales afirman que las colaborativas no son empresas de igual naturaleza (cadena hotelera o trasportadoras), pues muchas se declaran compañías de tipo red social, mediante las cuales las personas hacen transacciones por medio del internet de forma libre, lo que hace imposible enmarcarlas como empresas de un sector concreto.

Una propuesta que surgió a raíz de esta problemática, y específicamente en el caso colombiano por el alto grado de la informalidad, es realizar un contrato a cada empleado como contratista independiente, en un esquema en el que no haya subordinación laboral y en el cual el empleado decida su horario de trabajo, asuma la ARL y se le descuente salud y pensión. Si el trabajador no llega a cotizar el mínimo, porque toma el trabajo como algo no oficial, puede hacer cotizaciones a BEPS, como ahorro voluntario, alternativa que ya han adoptado algunas plataformas.

En conclusión, no se puede ser ajeno a la tecnología y a los cambios que conlleva, por el contrario, hay que adaptarse y crear oportunidades a partir de esta revolución. De igual forma, se deben garantizar condiciones óptimas e igualitarias para generar un mayor progreso social. La resistencia a la tecnología y a las nuevas formas de consumo solo genera un atraso para la sociedad, en un momento en el que se piensa que las redes 5G serán las que controlen nuestras sociedades.

Autor: Ricardo Gómez Londoño

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